Al bailar o ver bailar descansamos de esa obsesión tan humana que es querer bajarlo todo a palabras. Un automatismo que a veces no sirve de nada, como preguntarnos el por qué de ciertas cosas. En momentos de duelo está muy bien hablarlo, pero también es necesario encontrar la forma de callar el hilo del pensamiento de alguna manera… de hecho en Me iré hay un homenaje al cine mudo, en concreto al de Maya Deren, una directora de los años cuarenta que también venía de la danza y es la madre del cine experimental o cinearte.
Dirección y dramaturgia: Luis R. Lorite
Coreografía y baile: Juan León y Agustina García
Interpretación: Cathy Pulido
Iluminación: Jac Cabrera Cáceres
Vestuario: Sr Marrero
Escenografía: Luis R. Lorite
Audiovisuales: Maya Deren
Foto: Yaiza Socorro y José Molina
Me iré es una pieza de danza-teatro que parte de una idea central: En cada fracaso resuenan todos los fracasos y los finales ajenos nos remiten siempre al propio. A cierta edad abundan las despedidas de abuelas, padres y madres, cuya herida sólo es soportable gracias a la conciencia de nuestra propia naturaleza finita. Es algo paradójicamente vitalista, porque nos anima a vivir mientras podamos, o en el peor de los casos a “seguir con el problema” como dijo Donna Haraway. Para quienes no creemos, el arte es un gran asidero. El escritor Agustín Gómez Arcos
decía algo así como que “el hecho de vivir es tan extraordinario que no creo que tenga que haber algo más. Viviendo la vida, viviéndola totalmente, la muerte no debería ser algo triste o angustioso, o el fin de algo, la muerte es el nacimiento de algo, no sé de qué, no hablo del más allá, pero sí del nacimiento de algo más, tal vez, de la memoria.”
Su dramaturgia y estructura coreográfica atraviesan distintas fases del duelo —negación, ira, negociación, depresión y aceptación— conectándolas con una genealogía de bailes que van desde el ballet, el danzón o el flamenco, hasta el jazz, el tap o el krump. Esta cartografía corporal y temporal convierte la pieza en una investigación escénica sobre la herencia cultural, los cuerpos atravesados por la historia y la persistencia del movimiento como forma de memoria.
El libreto de Me Iré. Cómo bailar un duelo subraya esa conexión principio-danza-final y vuelta a empezar. Por algo las clases de salsa están llenas de personas recién divorciadas